En realidad, cuando me senté en mi habitación para ponerme a estudiar, no hice nada más que tirarme en la cama con los resúmenes y hacer de todo, menos estudiar. Me quedé pensando si de verdad me quiere y no tenía un girasol para darme cuenta, así que mirando el techo de mi cuarto saqué mis propias deducciones. Claro, mis conclusiones no eran gran cosa. Y aunque quisiera y tenga mi lupa en mano, yo no era Sherlock Holmes.
No podía ser como un detective, seguir sus huellas, olfatear su olor y salir con mi auto para ver a donde va, que hace, a que hora, y con quien está.
Yo confió en él (¿confío?)
Me reí sola con suavidad, a la espera que en mi cabeza encajen todas las fichas de mi rompecabezas...
Fue sorprendente cómo ese miedo asfixiante se desvaneció al momento y sorprendente también la repentina sensación de seguridad que me invadió cuando sonó mi celular. Era él, diciendo que me amaba, que no me iba a dejar por nada, que sin mi moría.
Y a veces me pregunto si puede caber en el mundo tanta coincidencia...

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