20/1/10
17/1/10
Teníamos sueños, metas, objetivos por cumplir. ¿Dónde quedó ese... nunca te voy a dejar?
Prometimos juntos amarnos para siempre. Y todas las promesas, se fueron a la mierda.
Un sí, lo arreglaba todo. Una palabra lo construía. El no te vayas era música para mis oídos. Pero no. Y otra vez me equivoqué, me dejaste ir...Hiciste como si nada pasó, disimulaste nunca haberme conocido, y mientras caminabas ese pasillo te tragabas, junto a las penas, las palabras que tuviste que haberme desechado.
El silencio retumbaba dentro de mí. Con cada paso que me alejaba de vos me dolía un poco más el cuerpo... sentí un leve ruido, era mi corazón, que se estaba destruyendo poquito a poquito, se iba evaporando, consumiendo, se estaba muriendo. Fue como si todo habría pasado en cámara lenta, estaba esperando oir un grito desaforado, pidiendo que regrese, que yo era tu todo. Pero no, de vuelta me equivoqué, vaya realidad. Te quedaste allí plantado, con la cabeza gacha, pensando en quien sabe qué. En algún que otro momento me pareció verte caer una lágrima... pero mis reflejos a veces me traicionan.
Llegué a la calle. Tenía las balijas en una mano, y con la otra sostenía un gramo de esperanza, que se me escapó cuando ví venir el ómnibus hacia mi.
Me subí, puse mis tres monedas y me senté. No había nadie, estaba sola...Claro, ¿Quién se iba a subir a un colectivo a estas horas de las noches? Solo una loca psicópata, que se acababa de pelear con su novio, y abandonó todos sus sueños. Me lo tuve que haber imaginado.
Prometimos juntos amarnos para siempre. Y todas las promesas, se fueron a la mierda.
Un sí, lo arreglaba todo. Una palabra lo construía. El no te vayas era música para mis oídos. Pero no. Y otra vez me equivoqué, me dejaste ir...Hiciste como si nada pasó, disimulaste nunca haberme conocido, y mientras caminabas ese pasillo te tragabas, junto a las penas, las palabras que tuviste que haberme desechado.
El silencio retumbaba dentro de mí. Con cada paso que me alejaba de vos me dolía un poco más el cuerpo... sentí un leve ruido, era mi corazón, que se estaba destruyendo poquito a poquito, se iba evaporando, consumiendo, se estaba muriendo. Fue como si todo habría pasado en cámara lenta, estaba esperando oir un grito desaforado, pidiendo que regrese, que yo era tu todo. Pero no, de vuelta me equivoqué, vaya realidad. Te quedaste allí plantado, con la cabeza gacha, pensando en quien sabe qué. En algún que otro momento me pareció verte caer una lágrima... pero mis reflejos a veces me traicionan.
Llegué a la calle. Tenía las balijas en una mano, y con la otra sostenía un gramo de esperanza, que se me escapó cuando ví venir el ómnibus hacia mi.
Me subí, puse mis tres monedas y me senté. No había nadie, estaba sola...Claro, ¿Quién se iba a subir a un colectivo a estas horas de las noches? Solo una loca psicópata, que se acababa de pelear con su novio, y abandonó todos sus sueños. Me lo tuve que haber imaginado.
11/1/10
7/1/10
6/1/10
5/1/10
2/1/10
Di mil millones de vueltas en mi cama, tratando de conciliar el sueño. Quería despejarme, olvidarme por dos segundos de todo. Sin éxito, me levanté y caminé por mi pieza... me acerqué a la ventana, y vi como el viento acariciaba bruscamente los árboles, el cielo lloraba conmigo y las nubes eran de un color grisáceo.
Estaba aburrida, sola, absolutamente confundida, pero, esas fueron mis consecuencias, fue mi desición. Mi cuerpo, y mi mente pidieron a gritos un tiempo para despejarse y yo, se los condecí.
Y ahora te extraño, la cama se siente tan vacía desde que no estás, todavía tengo un par de bóxer tuyos en mi armario, tu cepillo posado a la par del mío en el baño, y tu sillón en el living, donde mirabas feliz tus partidos de rugby.
Me acuerdo esos domingos cuando me traías el desayuno en la cama, y te acostabas al lado mío mientras leías el diario y yo devoraba lo que vos me habías preparado con mucho amor. Después te duchabas y yo a veces lo hacía contigo, nos reíamos y terminábamos almorzando juntos en el sillón mirando la tele.
Días increíbles, al que nosotros apodamos como inexplicables. Fueron momentos maravillosos mi amor, pero yo ahora estoy asustada, por lo que te convertiste, por haberte echado, por no darte más oportunidades... no podía con vos.
Todo empezó o mejor dicho, todo terminó ese viernes que saliste con tus amigos, dijiste que volverías a las 12.00hs y yo te esperé tranquila en casa, para ir a dormir juntos. Pasaban las horas y todavía no volvías, tu celular estaba en la cocina, por una extraña razón no lo llevaste, te lo habrías olvidado procuré pensar. El tiempo se pasaba lento, muy lento. Se hicieron las 3.45 y en pijama salí a buscarte, no sabía a donde ir, ni que hacer, ni a quien llamar. Tenía miedo, mucho miedo...
En fin, volví decepcionada a casa, lloraba atormentada por no saber nada de vos, me fui a dormir y dormir no fue lo que en realidad hice, daba vueltas y vueltas en la cama, paseaba por la casa y volví al sillón a mirar tele, donde me quedé dormida a las 5.00hs.
Me desperté, o mejor dicho me despertaste con un portazo. Me sobresalté y corriendo fui hasta el hooll, y ahí estabas... Me miraste, y yo retrocedí un par de pasos. El olor a alcohol era inmenso, tenías los ojos rojos, la remera rota, y sabía que en cualquier momento ibas a perder la inestabilidad.
Te grité que habías echo, y lloraba con las manos en la cara. Vos no eras así, nunca fuiste borracho... pero ahí estabas.
¿Y que hice? te perdoné.
Pasaron los días y te perdonaba cada vez más seguido, las bebidas y vos, se habían hecho muy buenos amigos.
No sabía como detenerte, te quería ayudar, pero no lo iba a volver a intentar como la última vez que me levantaste la mano y dejaste tu palma marcada en mí.
Y llegó el día en que te pedí, te rogué a penas ahogadas que te vayas, no te quería volver a ver más. Estabas la mayor parte de tu tiempo fuera de casa, tomando, y cuando volvías lo único que hacías era gritarme, y dormir, ebrio, como siempre. Te eché, y se me partió el corazón en mil pedazos.
Volviste a la casa de tu madre, que te convenció para que empieces la rehabilitación y hoy ya estás mucho mejor...pero todavía falta, falta mucho para que seas el mismo de antes.
Te quería llamar, por lo menos escuchar tu voz. Agarré el celular, marqué tu número, y antes de dar el primer tono, corté.
Me dije que no, con tristeza, y me recordé a mi misma que el amor es irracional.
Estaba aburrida, sola, absolutamente confundida, pero, esas fueron mis consecuencias, fue mi desición. Mi cuerpo, y mi mente pidieron a gritos un tiempo para despejarse y yo, se los condecí.
Y ahora te extraño, la cama se siente tan vacía desde que no estás, todavía tengo un par de bóxer tuyos en mi armario, tu cepillo posado a la par del mío en el baño, y tu sillón en el living, donde mirabas feliz tus partidos de rugby.
Me acuerdo esos domingos cuando me traías el desayuno en la cama, y te acostabas al lado mío mientras leías el diario y yo devoraba lo que vos me habías preparado con mucho amor. Después te duchabas y yo a veces lo hacía contigo, nos reíamos y terminábamos almorzando juntos en el sillón mirando la tele.
Días increíbles, al que nosotros apodamos como inexplicables. Fueron momentos maravillosos mi amor, pero yo ahora estoy asustada, por lo que te convertiste, por haberte echado, por no darte más oportunidades... no podía con vos.
Todo empezó o mejor dicho, todo terminó ese viernes que saliste con tus amigos, dijiste que volverías a las 12.00hs y yo te esperé tranquila en casa, para ir a dormir juntos. Pasaban las horas y todavía no volvías, tu celular estaba en la cocina, por una extraña razón no lo llevaste, te lo habrías olvidado procuré pensar. El tiempo se pasaba lento, muy lento. Se hicieron las 3.45 y en pijama salí a buscarte, no sabía a donde ir, ni que hacer, ni a quien llamar. Tenía miedo, mucho miedo...
En fin, volví decepcionada a casa, lloraba atormentada por no saber nada de vos, me fui a dormir y dormir no fue lo que en realidad hice, daba vueltas y vueltas en la cama, paseaba por la casa y volví al sillón a mirar tele, donde me quedé dormida a las 5.00hs.
Me desperté, o mejor dicho me despertaste con un portazo. Me sobresalté y corriendo fui hasta el hooll, y ahí estabas... Me miraste, y yo retrocedí un par de pasos. El olor a alcohol era inmenso, tenías los ojos rojos, la remera rota, y sabía que en cualquier momento ibas a perder la inestabilidad.
Te grité que habías echo, y lloraba con las manos en la cara. Vos no eras así, nunca fuiste borracho... pero ahí estabas.
¿Y que hice? te perdoné.
Pasaron los días y te perdonaba cada vez más seguido, las bebidas y vos, se habían hecho muy buenos amigos.
No sabía como detenerte, te quería ayudar, pero no lo iba a volver a intentar como la última vez que me levantaste la mano y dejaste tu palma marcada en mí.
Y llegó el día en que te pedí, te rogué a penas ahogadas que te vayas, no te quería volver a ver más. Estabas la mayor parte de tu tiempo fuera de casa, tomando, y cuando volvías lo único que hacías era gritarme, y dormir, ebrio, como siempre. Te eché, y se me partió el corazón en mil pedazos.
Volviste a la casa de tu madre, que te convenció para que empieces la rehabilitación y hoy ya estás mucho mejor...pero todavía falta, falta mucho para que seas el mismo de antes.
Te quería llamar, por lo menos escuchar tu voz. Agarré el celular, marqué tu número, y antes de dar el primer tono, corté.
Me dije que no, con tristeza, y me recordé a mi misma que el amor es irracional.
Si para recobrar lo recobrado, fue necesario perder lo perdido. Si para conseguir lo conseguido, tuve que soportar lo soportado. Si para estar ahora enamorado, fue mi inhester haber estado herido. Tengo por bien sufrido lo sufrido, tengo por bien llorado lo llorado. Porque después de todo he comprobado, que no se goza bien de lo gozado, sino después de haberlo padecido. Porque después de todo he comprendido,
que lo que el arbol tiene de florido, vive de lo que tiene sepultado.
que lo que el arbol tiene de florido, vive de lo que tiene sepultado.
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