Sabía muy bien como eran las cosas. Tenia muy presente lo que iba a pasar cuando te vea esta semana. Te voy a pedir una, una no, mil explicaciones por lo que hiciste, en realidad por lo que no hiciste, que fue llamarme una puta vez, en la puta semana, por lo menos un puto minuto. ¡Sí! Te lo voy a reprochar y, ¿Sabés lo que va a pasar? ¡¿Sabés?! Me vas a mandar la primera excusa que se te venga a la cabeza y lo peor de todo es que te voy a creer. Si, amor, te voy a creer ¿Y sabés por qué? Porque me tenés a tus pies, porque cuando te miro se me acelera el pulso, se me bloquea el habla y se me paraliza el cuerpo. Porque sos mi debilidad, porque daría todo por un segundo de tu cuerpo, porque entregaría cuerpo, piel y alma por tan solo verte sonreír. Porque conozco todo defecto y toda virtud que exista en tu ser. Porque sos mi camino, mi luz y mi destino. Porque sos totalmente incomparable, increíblemente extravagante e infinitamente aceptable. Porque adoro cada lunar de tu cuerpo, porque sueño con esos ojos verdes día y noche, porque anhelo el mamarracho de tu pelo. Porque AMO esa sonrisa torcida que te sale al mirarme. Porque extraño cuando levantabas una ceja, me clavabas tus ojos, me acariciabas la mejilla y te reías de cualquier estupidez que yo decía. Quiero sentir ese cuerpo, tu cuerpo sobre el mío, quiero que me acaricies con esa ternura inexplicable, quiero abrazarte tan fuerte y nunca más soltarte, quiero sentirte mío de nuevo, corazón. Necesito verte rezongar por cualquier tontería, necesito verte, abrazarte, sentirte, besarte, tocarte. Necesito que me quieras, me ames, me necesites y me extrañes.
Vamos, nene, tengo mucho más para dar. Vamos, corazón, arriésgate a averiguar lo que tengo para ti. Vamos, lindo, atrévete a ser el primero en ser amado intensamente.
No lo dudes, amor, yo sí.
Yo sí te amo, nene.

No hay comentarios:
Publicar un comentario